
Así es Ariel Ortega. Único, mágico, brillante, irrepetible. Capaz de dejar una llamita de ilusión encendida. Él la enciende, nadie más y por eso hoy le damos las gracias. Eternamente gracias.



Y era verdad , no se podia negar, pero tambien es cierto , si eso le sirve de consuelo , que si antes de cada accion pudiesemos prever todas sus consecuencias , nos pusiesemos a pensar en ellas seriamente, primero en las consecuencias inmediatas , despues , las probables , más tarde las posibles , luego las imaginables ,no llegariamos siquiera a movernos de donde el primer pensamiento nos hizo detenernos.
Los buenos y los malos resultados de nuestros dichos y obras se van distribuyendo , se supone , de manera bastante equilibrada y uniforme , por todos los dias del futuro , incluyendo aquellos , infinitos , en los que ya no estaremos aqui para poder comprobarlo , para congratularnos o para pedir perdon hay quin dice que eso es la inmortalidad de la que tanto se habla


